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Saludos, amigo cazador. El texto que estás a punto de leer relata mis aventuras en el maravilloso universo de Monster Hunter, desde mis inicios como cazador hasta mi gloria como Maestro Cazador de Monstruos. En la larga travesía que me lleva desde Kokoto hasta diversos lugares más allá de Schrade, me encontraré con muchos cazadores que tal vez conozcas, como Narwhaler, RayoAtronador, Acxor, Master, entre otros. Este libro está dedicado a todos aquellos que deseen una buena historia que involucre a todos los grandes cazadores que existieron y aún perduran, algunos olvidados y otros no. Espero que te guste y te diviertas leyéndolo :) ¡No olvides dejarme un mensaje en mi muro si quieres preguntarme o decirme algo!

Foto de portada Mi vida como Cazador



Capítulo 1

Un día en las Montañas Nevadas


Era una fría mañana en las Montañas Nevadas. Mi traje de Mafumofu(1) me protegía lo suficiente, pero podía sentir heladas briznas de viento que golpeaban mi cara. El aire tenía algo raro, peculiar, que hacía que mis pelos se erizaran. Al salir del Campamento Base inicié el largo camino hacia la cima. Al principio fue fácil, sólo escalar unas vides y alejarse de los riscos. Pero, casi llegando, volví a sentir ese olor peculiar, sólo que era más fuerte. Ese olor me resultaba vagamente conocido, y comencé a preguntarme su procedencia. Y de pronto lo recordé. Mis queridos abuelos solían contarme historias sobre un “tirano de las nieves” cuyas víctimas ensangrentadas podían olerse desde decenas de kilómetros. Aún así, proseguí mi camino como siempre, atento y con mi espada bien afilada. Llegué a lo que parecía un campamento base abandonado, con restos de pociones y raciones que nunca fueron recogidas. Como había llevado tantas cosas “por si acaso” y aún debía recoger las benditas hierbas de montaña, decidí dejar esos suministros para algún otro desafortunado que estuviera en una mala situación. Hasta ahora todo había sido fácil, había encontrado varias hierbas y sólo faltaban unas pocas, que recordé haber visto aún más alto en la cima. Cuando me dirigía hacia allí, tuve que esquivar una manada de Popos que huía hacia la seguridad. Eso me pareció muy desconcertante, puesto que la anciana jefe del pueblo me dijo que estaría seguro porque no habría carnívoros en la zona. Pero, como lamentaría más tarde, decidí investigar. Cada vez que me acercaba más y más a la cima el olor se hacía más intenso. Al llegar, quedé paralizado de terror. Una bestia mucho más grande que yo, con unos dientes como navajas y garras que podrían cortar el acero, estaba devorando a un desafortunado Popo. Recordé, de pronto, las sabias palabras de mi padre: “un buen cazador sabe cuándo retirarse para poder vivir un día más”. Me di media vuelta y me alejé silenciosamente. Pero ese día la suerte no estaba conmigo. El escalofriante monstruo dio un grito que me dejó al borde de la inconsciencia. Y eso es todo lo que recuerdo. Desperté en mi cabaña tres días después, al cuidado de mi fiel amigo Frederick, que había conocido en una de mis aventuras largo tiempo atrás.


-¿Te sientes bien?- me preguntó.


Sólo con un dolor de espalda terrible, pero creo que puedo levantarme-.

Será mejor que te quedes aquí por un tiempo antes de volver a Kokoto, ese Tigrex te ha dejado en ruinas, tienes suerte de que yo estuviera ahí para rescatarte-.

¿Tigrex, lo que me atacó fue un Tigrex? Pensé que ese monstruo se había largado luego de que lo dejaras acabado, o eso fue lo que me dijiste. De todas maneras yo fui con una armadura para resistir el frío, no para luchar con Wyverns-.  –Lo sé, amigo, nadie lo vio llegar, ni siquiera el Puesto de Observación. Luego hablaré con la anciana. Si me disculpas, tengo unos asuntos que atender. ¡Hasta pronto!, dijo Frederick alejándose apurado. Tomé el remedio que me dio la anciana para calmar el dolor y me dirigí al Gremio, donde siempre me espera un trago de mi cerveza favorita. Traté en vano de recordar lo sucedido, así que decidí echarle un ojo a las solicitudes del Gremio, aunque no iría a ninguna misión hasta que no me recuperara totalmente. Al parecer un aldeano había reportado un ataque contra sus cabras, lo que supuse que fue el Tigrex que vi en las cercanías. Mientras tanto, unos cazadores entraron en el Salón. Poseían un flamante traje que denotaba su autoridad, con un pequeño sable en el cinturón, que dudaba que sirviera contra un Wyvern. Eran Cazadores del Gremio, enviados por el mismísimo Maestro, que al parecer había tenido noticias sobre el Wyvern que merodeaba las Montañas. Siempre dispuesto a hacer amigos, me acerqué para saludarlos.


-Saludos, camaradas cazadores. Me llamo Idaina Senshi y supongo que vinieron en busca del Tigrex que deambula por estos lugares.


-Hola –me dijo fríamente el que parecía el jefe de ellos- Me llamo Baltazar y ellos son Manuel y Akira. Supones bien, hemos venido a cazar a ese tal “Tigrex”. Esas heridas parecen algo graves, acaso fue…


-Si, el endemoniado monstruo me tomó por sorpresa y casi no salgo vivo, si no fuera porque mi buen amigo Fred me salvó la vida.


-Guau, al parecer este monstruo no será presa fácil, pero no me preocupa mucho, porque llevo esta “amiguita”-dijo, mostrándome nada menos que la Espada Imperial, un arma que podía llevar la muerte a cualquier monstruo, grande o pequeño-.


-Lindo “juguetito”, pero me temo que necesitarás más que fuerza y músculos para vencerlo.


-Hmm, en el Gremio no nos han dicho mucho sobre este monstruo aparte de que parece moverse con rapidez, así que mejor nos apresuramos. ¡Nos vemos! –dijo Baltazar, alejándose con los demás cazadores. Dediqué el resto del día a ordenar mi viejo baúl de objetos, el cual parecía vacío en contraste con el de Kokoto, mi vieja aldea.

(1) Mafumofu: Traje grueso hecho de espesa lana, se usa mucho en las regiones gélidas gracias a su gran resistencia al frío. 
No es recomendable llevarlo a misiones de caza por la baja protección que ofrece.


Capítulo 2

Indicios de un desastre


Al día siguiente, desperté con ansias de averiguar qué había pasado con esos cazadores. Fui a hablar con la Jefe, pero me dijo con cara de preocupación que no había tenido noticias de ellos luego de que partieran hacia la misión.


La verdad es que estoy muy preocupada- me comentó –Parecían nunca haber peleado con un Tigrex, pero cuando quise darles un poco de información me dijeron que debían apresurarse para que no se les escapara. Fred se ha ido para comerciar objetos en aldeas de la zona y no volverá hasta dentro de dos días, y tú estando herido no sirves de mucho.


-Al contrario, estimada jefe- le dije suspicaz –Tal vez no pueda correr o llevar mi espada, pero conozco a las Montañas como la palma de mi mano. Si tan solo pudiera conseguir un pasaje del Avistadragones…


-¿El Avistadragones? Eres cazador, no investigador- dijo riéndose –Yo podría conseguirte esos pasajes, pero primero tendría que hablarlo con el Gremio, no vaya a ser que causes un problema.


-No disponemos del tiempo necesario para eso –le dije –Esos cazadores podrían estar en graves problemas y nosotros aquí perdiendo el tiempo hablando. Tú consígueme los pasajes mientras yo me preparo para la travesía.


-Tienes razón, Idaina, pero hay un pequeño problema.


-¿Cuál?


-Jeff.


Jeff era el capataz de los investigadores. Un hombre alto, rudo, y egoísta hasta el pelo de su barba. No le agradaban los cambios en su rutina, así que ya podía imaginarme su reacción al tener en el Avistadragones a un cazador herido.


-Jeff… creo que sé como convencerlo. Nos vemos en la pista de despegue –le dije a la Jefa.


Fui directo hacia mi casa. Como no iba a cazar, simplemente me abrigué y le encargué a mis gatos que me prepararan una comida para llevar. No sabía cuánto tardaría en encontrar señales de los cazadores desaparecidos, pero sabía que me tomaría mucho tiempo. Una vez preparado, fui al baúl y tomé algo que luego me haría falta. Hecho esto, salí y me dirigí hacia la pista. Al llegar, vi a la Jefa discutiendo con Jeff. Éste no parecía muy contento con la noticia, y se mostraba muy molesto.


-Hola Jeff, parece que te has enterado de la buena noticia –le dije con un tono gracioso.


-¡¿BUENA NOTICIA?! –gritó-PARA SUBIRSE A UNO DE ESTOS SE NECESITA UNA LICENCIA, Y ESTOY SEGURO DE QUE NO TIENES UNA, IDAINA. ADEMÁS…


-Ya, deja de gritar que me dejas sordo, esto te hará cambiar de opinión –le dije, mientras sacaba de mi bolsa un brillante Cristal de Cuarzo, mineral muy valioso para el Gremio.


-Eso… eso es para mí? –dijo Jeff, atónito- Es tan bonito y…. brillante…


-Será tuyo si me ayudas en esta misión. Hay personas allí fuera que necesitan mi ayuda… nuestra ayuda. Y sin ti me temo que estamos dejando a esas personas totalmente indefensas. Jeff, no te estoy pidiendo mucho, sólo necesito que me ayudes a ayudar a esas personas. –le dije, tratando de convencerlo.


-Está bien… pero que conste que sólo lo hago por ese hermoso cuarzo –dijo Jeff, sin sacar ni por un momento la vista del cuarzo.


-Sabía que te gustaría –le dije, sonriendo- Ahora dejemos de perder tiempo y pongámonos en marcha de una buena vez.


-Idaina, te agradezco mucho que nos ayudes -me dijo la Jefa-Cada vez se hace más difícil la tarea de cazar… pero tú siempre buscas la manera de ayudar, aún estando herido. Gracias y suerte con tu misión.


El globo se alzó hacia los cielos, en una aventura que lo llevaría en la búsqueda de tres cazadores perdidos. Jeff, con una sonrisa en el rostro, estaba pensando en el dinero que ganaría al vender el cuarzo. Mientras tanto, yo, sintiendo como el Avistadragones pasaba por entre las nubes, trataba de pensar en qué lugar podrían estar los cazadores.

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